
Bueno, bueno, parece que le estoy cogiendo el gusto a esto de los vestiditos... Quién no, son tan pequeños que es imposible que no asome entre los dedos el mimo que se traduce en puntadas. Sigo sin poder bordar, y en algo tengo que matar el nervio. Nada mejor que haciendo un vestido de piqué, con su pequeña puntilla, sencillo, especial porque es hecho a mano, único e irrepetible. Fijaros bien, porque entre sus cuadros ha quedado prendida una buena cantidad de la ternura que esconde este corazoncito...
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