
Que difícil que no me temblara el pulso para sacar la foto... Es que quedé enamorada de este
chal, de ese estilo rústico, que parece transportarme a una época en la que ni existía, pero que me hubiese gustado vivir... Es sentir lo natural en las yemas de los dedos, sentir esa aspereza dulce que sólo el lino puro tiene, que huele a vidas pasadas, a manos modernas... Espero que nunca, nunca, por mucho que avance la sociedad, se pierda esta
artesanía tradicional, arraigada...
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